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Manias

Las manías se conocen como las conductas, costumbres o pequeñas acciones que ejecutamos casi inconscientemente de forma reiterativa. Psicólogos expertos en el tratamiento de manías aseguran que dichas acciones logran calmar los episodios más severos de ansiedad, llevando al individuo a un estado de tranquilidad, serenidad y paz. Las manías son muy difíciles de suprimir, puesto que el individuo necesita tener mucha fuerza de voluntad para empezar a entender cuáles son las razones que motivan dichas conductas.

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En este punto, conviene señalar cuál es la diferencia clave entre la manía y la obsesión, entendiendo que la primera es solo una conducta, mientras que la segunda consiste en ideas o pensamientos que se vuelven repetitivos y desagradables, que surgen una y otra vez en la mente de la persona, generando mucha ansiedad. Si estas obsesiones no se tratan, puede dar lugar al trastorno obsesivo compulsivo. En otras palabras, evolutivamente la manía puede convertirse en obsesión y la obsesión en trastorno patológico que demande ayuda psicológica para poder vencerlo.

Entonces, es preciso preguntarnos ¿Cuándo se agravan las manías? O mejor dicho ¿Cuándo las manías se convierten en obsesiones? Y para responder esta inquietud, podemos asegurar que las manías se convierten en trastornos obsesivos compulsivos cuando los comportamientos acaparan un espacio importante en el tiempo de la vida del individuo, de modo que comienza a perjudicar distintas áreas, especialmente las relaciones afectivas y laborales. Es decir, la manía se convierte en obsesión cuando la situación se torna grave y el individuo comienza a sentir malestar. Algunos expertos aseveran que si un individuo invierte más de una hora al día en rituales, es muy posible que a corto plazo comiencen a sufrir de un trastorno obsesivo compulsivo.

La mayoría de las personas sufren manías, pero no son conscientes de ellas, ya que se tratan de actividades que el afectado considera normales, que pone en práctica y desarrolla en el transcurso de su vida, por ejemplo: no pisar las líneas del suelo, sentarse siempre en un mismo lugar, morderse las uñas y tocarse el cabello de forma compulsiva.

También es inevitable establecer la diferencia entre manía y lo que comúnmente se conoce como “tic”, dado que los tics son un conjunto de actitudes, conductas o comportamientos casi continuos que surgen en escenarios nuevos o estresantes para el individuo, y que le ayudan a controlar la ansiedad inconscientemente. Los tics nerviosos suelen presentarse como movimientos bruscos, por ejemplo: agitar rápidamente las manos o las piernas de forma impaciente.

Manías en los niños

En el caso de los niños, las manías se adquieren con el tiempo y se repiten muy a menudo para ayudar a que controlen los aconteceres externos, ya que al mismo tiempo, les permiten descargar la ansiedad que se produce cuando se sienten incapaces de expresar sus emociones en determinadas situaciones. En algunos infantes, existe la posibilidad de que dichas rutinas se acentúen, afectando su vida diaria y pudiendo convertirse con el tiempo en un trastorno obsesivo. Sin embargo, también es posible que con el tiempo las manías desaparezcan.

Dado que la mayoría de los niños presentan manías de forma evidente, es posible prevenir y aplicar un diagnóstico que ayude a tratar este problema desde temprana edad. Sin embargo, generalmente los padres tardan hasta dos o tres años en detectar el problema, dando paso a la acentuación de las rutinas, y esto ocurre porque normalmente las personas han tenido alguna manía durante la infancia. Asimismo, los expertos aseguran que la niñez es la mejor edad para intervenir en el futuro trastorno, y en los niños, este tratamiento puede realizarse de forma corta y simple.

Algunas manías curiosas en los niños son: querer comer en el mismo envase o plato, ordenar los juguetes de una forma determinada, tener una taza especial, lavarse las manos constantemente, no poder dormir en una cama o con una almohada que no sea la suya, hacer la misma rutina antes de dormir y al levantarse o contar la misma historia una vez que se tiene pensado ir a la cama.

Por otra parte, los padres deben enseñarles a afrontar las dificultades que se presentan en la vida. El niño debe percibir en sus padres mucha seguridad y firmeza al momento de tomar decisiones o de asumir los quehaceres diarios. Los padres deben ayudarle a entender a sus hijos que las equivocaciones son naturales y sirven para mejorar la forma de hacer las cosas una segunda vez.

Una vez que la manía se convierte en obsesión, el infante grita, llora y puede llegar a asumir una conducta agresiva hacia él mismo y hacia los demás. Sin embargo, un diagnóstico temprano puede ayudar al niño a salvaguardar parte de su calidad de vida gracias al tratamiento adecuado, donde la participación de los padres, es un factor fundamental para la mejoría, puesto que ellos son el apoyo más importante en todas las etapas del tratamiento.

Consecuencias de las manías

Las personas maniáticas presentan problemas a la hora de convivir con otros, especialmente si su manía está relacionada con la limpieza, el orden, o la organización. Esto crea un ambiente de conflicto e inconformidad constante, pues las demás personas difícilmente soportarán o tolerarán las rigurosidades del maniático, dado que comienzan a sentirse agobiadas, y como consecuencia, se alejarán de ellas. Por ello, las personas maniáticas muchas veces viven solas, son muy inflexibles frente a nuevas rutinas y ponen en práctica sus rigurosidades dentro de su propio hogar sin que nadie obstaculice su manera de llevar la vida.

Las manías se presentan con mayor frecuencia en las personas mayores, puesto que a medida que un individuo va envejeciendo, comienzan a interferir en su vida problemas de inseguridad y vulnerabilidad. Frente a esto, la persona desarrolla la necesidad de tener hábitos cotidianos que le permitan tener un control de las cosas, algo parecido a una forma de aferrarse. Para estas personas, es indispensable el cumplimiento de dichos hábitos y es fundamental no quebrantarlos. En la persona adulta, las manías producen un efecto muy similar al que producen en los niños, por el hecho de otorgar ese control que necesitan. 

Luego, nos encontramos con las personas perfeccionistas, otro blanco ideal para las manías, precisamente por su meticulosidad, orden y organización para realizar las cosas. Los perfeccionistas están más cerca a desarrollar una manía, ya que para encontrarse satisfechas con su trabajo, llegan a repetir constantemente sus tareas.

Otra consecuencia es el entorno familiar o social donde la manía es un acto habitual que no se ha intentado corregir. En este caso, las personas que se encuentran en el mismo entorno que los maniáticos, es posible que adopten esta misma manía como parte de su rutina diaria.

Podemos decir, que las manías más frecuentes son aquellas que están relacionadas con el orden, la limpieza, la seguridad, la higiene y la organización. Las conductas reiterativas vinculadas con:

  • el orden: son aquellas en las que el individuo siente la irremediable necesidad de mantener todos los objetos en su sitio sin posibilidad de moverlos. Las personas que sufren de esto no toleran que un objeto se encuentre fuera de su lugar previamente asignado, esto se evidencia mucho dentro del hogar o en el trabajo con los materiales que la persona usa, de hecho, la preocupación exagerada por la puntualidad también está relacionada con este tipo de manía.
    Es importante aclarar que el orden es un hábito positivo que todos los padres deben inculcarles a sus hijos desde pequeños, y que nada tiene que ver con el desarrollo de una manía.
  • La higiene o la limpieza: Las personas que sufren de esta manía sienten la necesidad de lavarse los dientes y las manos varias veces al día, o simplemente prefieren evitar el contacto físico con otras personas, por ello, evitan dar besos en la mejilla o extender la mano al momento de saludar, digamos que este tipo de contacto les produce aversión o rechazo. Lo cierto es que estas manías se producen de forma alarmante pero en menor gravedad que un trastorno obsesivo compulsivo.
  • Con relación a las manías vinculadas con la seguridad, existen muchas personas que padecen de ella y que sienten la necesidad de revisar muchas veces las luces, las ventanas o las puertas para verificar que todo esté en orden. Esta acción se produce porque el individuo siempre conserva la duda de haber hecho las cosas correctamente, al principio inicia como manía que paulatinamente se va transformando en un ritual hasta que se convierte en trastorno obsesivo compulsivo, por eso aseguramos que las manías mencionadas son consideradas normales dentro del orden psicológico, pero una vez que llega al extremo y se convierte en TOC, podría afectar seriamente al individuo y causarle un daño que únicamente se solventará con un tratamiento psicológico.

Causas de las manías

En el niño, las manías se producen cuando ellos se encuentran presionados, fatigados, irritables o expuestos a situaciones con altos grados de tensión. En el caso de los jóvenes, estas manías pueden adquirir intensidad al tener contacto tanto con personas conocidas como desconocidas, puesto que el individuo se siente preocupado por la impresión que pueda causar frente a terceros a causa de su manía, sintiendo una especie de obsesión por parecer una persona normal y agradable.

En el colegio, algunos niños presentan costumbres parecidas a las de su grupo de amigos, al momento de jugar o practicar un deporte. Una vez que son adolescentes, pueden comenzar a coleccionar cosas, seguir una moda, o ser fanático de algún cantante, todos estos elementos están relacionados al desarrollo y la formación de la personalidad de cada individuo, sin embargo, esto no tiene que alarmar a los padres, puesto que se trata de algo transitorio.

Tratamiento de las manías

Como mencionábamos anteriormente, lo natural es que este problema desaparezca con la edad del menor. Pero en el caso de que las manías empeoren, las personas cercanas deberán hacer un esfuerzo por evitar hacerle sentir al niño maniático como una persona extraña o diferente al resto, dado que esto puede producir preocupaciones que generen ansiedad y alimenten la manía del afectado. En estos casos, lo más recomendable es acudir a un psicólogo.

A partir de distintos casos clínicos y otros estudios, se ha demostrado que el diagnóstico de las manías responde positivamente ante el uso de ansiolíticos, pero esto como una medida temporal, puesto que después de haber finalizado el tratamiento, el niño vuelve a recaer debido a que no conoce las herramientas para controlar su propia conducta.

Ya desde un punto de vista general, el tratamiento puede responder favorablemente bajo varios sistemas de relajación tanto de la mente como del cuerpo, dichos sistemas van desde la terapia psicológica hasta las técnicas más sencillas de relajación. No es necesario poner en práctica todas las terapias a mencionar a continuación, normalmente es suficiente con seleccionar dos de ellas que tengan características efectivas contra la manía que se está tratando con el profesional. 

Terapia psicológica 

Para las manías, se recomiendan las terapias psicológicas combinadas con el tratamiento farmacológico (inhibidores selectivos de la reabsorción de la serotonina, por ejemplo), pero esto dependerá de la gravedad de la situación. Dentro de la terapia psicológica podemos ubicar diversas técnicas que ayudarán al paciente.

Terapia cognitivo-conductual

De acuerdo con muchos expertos en psicología, esta terapia se caracteriza por ser uno de los tratamientos más efectivos. En ella, el psicólogo debe poner en práctica algunas técnicas específicas que ayudarán al paciente a desprenderse de sus creencias o pensamientos erróneos. De igual modo, ayuda a prevenir la compulsión como respuesta y elimina las costumbres o los hábitos que están generando el problema. Esta terapia también ayuda al paciente a detectar por sí mismo los pensamientos que le están llevando a la obsesión, proporciona las herramientas para sustituir esta conducta por otra coherente, elimina el miedo que generan las imágenes mentales vinculadas con la manía y prepara al paciente para enfrentar directamente las situaciones que evitaba, con el fin de no llegar a las obsesiones.

Técnicas de auto-control

Estas técnicas tienen como objetivo ayudar al paciente a dominar sus pensamientos, emociones y acciones, lo que supone ser de vital importancia para tratar las manías. Con estos ejercicios, el paciente se sentirá a gusto con su comportamiento la mayor parte del tiempo. Asimismo, dichas técnicas comprenden un conjunto de instrumentos personales que ayudarán al tratamiento de la manía. Entre ellos podemos destacar:

  • La auto-observación, indispensable para cumplir metas y evaluar la propia conducta durante la etapa del tratamiento. Con este instrumento, el paciente afectado de manía debe hacer un esfuerzo por fijarse en las tareas o las rutinas que realiza diariamente, de modo que pueda identificar los momentos en el que dichas rutinas comienzan a interrumpir o a modificar su vida. Con la auto-observación, se conseguirá lograr de una forma más efectiva los avances en el tratamiento de la manía.
  • El autorrefuerzo, sirve para que el individuo reconozca los avances en la terapia y se dé una recompensa a sí mismo por su compromiso y esfuerzo. Si este instrumento se lleva a cabo cada vez que se detecte un avance frente a la manía, se pueden generar pensamientos positivos que conducirán directamente al éxito en el tratamiento. También los autocastigos moderados son necesarios, y se aplican para reforzar la voluntad del paciente por cumplir con las tareas asignadas durante el proceso de recuperación.

Psicólogos y psicoterapeutas aseguran que el autocontrol en sí mismo es un recurso que puede generar leves alteraciones psicológicas y fisiológicas, pero lo cierto es que toda represión o autocontrol tiene su límite. Cuando una persona se auto-controla, pierde energía en este proceso, y es justo en ese momento cuando se tiene mayores posibilidades de recaer en la tentación y volver a adoptar la manía. A nivel psicológico, a este escenario se le conoce como debilitamiento del ego, por ello, es importante aclararle al paciente la importancia de reconocer estos momentos para evitar la tentación.

También es importante que el paciente adopte el compromiso de continuar el tratamiento y reconozca la necesidad de hacerlo para un bien futuro. El hecho de comprometerse a alcanzar objetivos aparentemente difíciles, puede ayudar a acelerar la terapia y a producir resultados positivos a corto plazo. Asimismo, dependiendo de la manía, el paciente debe hacer un esfuerzo por mantenerse lejos de las situaciones que produzcan la tentación de recaer en la manía, y a su vez, debe combatir el inconsciente, una de las principales razones por las que el ser humano cae en las tentaciones, es decir, la mayoría de las personas son fácilmente tentadas fuera de sus límites conscientes o zonas de confort.

Detención del pensamiento

Se trata de una técnica aplicable antes, durante o después de la situación que nutre la manía. Lo cierto es que esta estrategia persigue que el paciente pueda tener control de sus pensamientos, y ponerla en práctica es muy sencillo: en primer lugar, cuando el paciente comience a sentirse incómodo, estresado, nervioso, alterado, o simplemente se encuentre en una situación que motive la manía, el individuo debe detallar todos los pensamientos que están cruzando por su mente, y detectar aquellos que sean negativos, para luego tomar consciencia de ello y tratar de reemplazarlos por otros pensamientos más positivos.

Aunque parezca un ejercicio sencillo, toma mucho trabajo realizarlo correctamente. Para ello, se necesita práctica, fuerza de voluntad y compromiso con el tratamiento.

Visualización

Es una técnica atípica en los consultorios psicológicos. Muchas personas la confunden con la meditación, pero la diferencia es que en la visualización, el paciente tendrá que poner en práctica todos sus sentidos. En esta terapia, el psicólogo debe guiar al paciente para que el mismo imagine una escena que le motive a estar relajado y aleje todo sentimiento de tensión que pueda generar la aparición de la manía.

Para llevar a cabo este ejercicio, el paciente debe encontrarse en un lugar tranquilo, sentarse con la espalda recta pero sentirse cómodo al mismo tiempo. Tiene que cerrar los ojos e imaginarse estar en un sitio donde predomine la calma pero activando todos los sentidos. Es necesario que el individuo le exija a su imaginación todos los detalles posibles, especialmente desde el punto de vista sensorial, pues lo ideal es que el afectado sienta que camina por ese lugar sereno disfrutando de los olores, los colores y los sonidos generados por su imaginación.

Técnicas de relajación para superar manías

En primer lugar, hablaremos de la relajación muscular progresiva, una técnica de relajación que tiene el objetivo de enseñarle al paciente a controlar los músculos de su cuerpo. Es importante saber que esta técnica es recomendable para la vida cotidiana, sin necesidad de presentar alguna irregularidad o malestar psicológico físico. Gracias a ella lograremos mayor control de nosotros mismos ante diversas situaciones que producen estrés, esto es muy importante en el proceso de superación de manía.

Con esta técnica el paciente aprenderá habilidades de relajación que aplicará de forma rápida y en cualquier situación. En otras palabras, el objetivo del entrenamiento es que el individuo aprenda a relajarse, de modo que en los momentos en los que comience a sentir la ansiedad o los nervios que motivan la manía, sea capaz de controlar la situación tanto en su mente como en su cuerpo. Así que, antes de iniciar las técnicas de relajación, conviene que el psicólogo le informe al paciente que aprender a relajarse es muy similar al aprendizaje de otras habilidades como la lectura y la escritura.

Otra técnica es la relajación autógena, que no es más que una serie de frases que el paciente debe repetirse a sí mismo con la finalidad de entrar en un estado de relajación a través de autosugestiones, esto ayudará especialmente a fortalecer la confianza del individuo hacia sí mismo, recordando que las manías aparecen en las personas como una medida autodefensiva que les hace sentir que tienen el control de la situación que les produce ansiedad. Con esta técnica no se pretende alcanzar un estado hipnótico, sino un nivel de relajación lo suficientemente efectivo como para que el individuo aprenda a salir adelante frente a determinadas situaciones que estimulan la manía. Asimismo, podemos asegurar que el instrumento utilizado en esta terapia es el lenguaje y la imaginación. Las instrucciones serían las siguientes:

Instalar al paciente en un lugar cómodo, puede ser un sofá, diván o cualquier sillón que le permita reposar la espalda y cerrar los ojos. Luego, el psicólogo comenzará a repetir las primeras frases para llevar al paciente a un estado de conciencia que le permita reconocer cómo se siente su cuerpo en el sillón. El especialista podría iniciar con el siguiente enunciado: “concéntrate y detalla la forma en la que tu cuerpo reposa sobre el sillón, siente el contacto y la manera en la que disfrutas esta agradable sensación”. Luego, el psicólogo debe esperar 8 segundos para promover los ejercicios de respiración, asimismo, le indicará al paciente cómo debe respirar con la finalidad de relajar su cuerpo.

El terapeuta debe hacer que el paciente tome conciencia de todas las partes de su cuerpo, especialmente las que intervienen en la manía, esto puede lograrse mediante de frases que motiven a la sensibilidad. Recuerden controlar el ritmo de la respiración durante toda la terapia. Al final, el sujeto debería estar totalmente relajado y comenzará a pronunciarse a sí mismo frases que refuercen su confianza para evitar la manía, empezará repitiéndose cuatro veces “siento confianza en mí mismo y estoy en la capacidad de enfrentar mis problemas”, “mis preocupaciones y mis manías desaparecen mientras respiro correctamente”, “soy la única persona capaz de dirigir mi mente y mi cuerpo”, “me siento totalmente relajado”.

La terapia debe finalizar con instrucciones que conduzcan al individuo a un estado de activación, por tanto, las últimas frases que el psicólogo pronunciará serán: “estoy volviendo a mi estado normal y me hago consciente de mi entorno”. La idea es que el individuo aprenda a auto-aplicarse esta terapia para relajarse en los momentos angustiantes que motiven la manía. 



Autor: © PSIGUIDE